
Desde sus orígenes, la filosofía se ha definido por el deseo de desentrañar el misterio que habita dentro y fuera de nosotros, buscando incansablemente profundizar la vida.
Filosofía es una palabra de origen griego compuesta por dos raíces: philos, que significa amor, y sophía, que significa sabiduría. Philosophía refiere, así, al amor a la sabiduría. Pero, puesto que el saber es inalcanzable, la humildad del ejercicio filosófico radica en aceptar que sólo es posible amarla y buscarla, sin fatiga.
En el Asesoramiento Filosófico esta búsqueda del saber comienza por un enfoque interno donde, a través de una indagación personal profunda y de una reflexión sentida sobre las distintas facetas de nuestro ser, se hace posible acceder a lugares de mayor claridad. En esta búsqueda el acompañamiento de diversas miradas filosóficas puede ser nutricio para, finalmente, acceder por cuenta propia a un mayor conocimiento de sí. Esto tendrá, por su parte, un efecto de retroalimentación con el entorno:
Cualquier aumento en la comprensión de la interioridad, ensancha también la comprensión del entorno. Y viceversa, el entendimiento profundo de una forma de funcionar del mundo afecta la manera de contemplar nuestro interior.
El modo en el que construimos nuestra relación con los otros, con el entorno y con nosotros o nosotras mismas está determinado por cómo percibimos, pensamos y actuamos. Cuando por medio del Asesoramiento Filosófico centramos la atención en los elementos que delimitan tanto nuestra experiencia como la expresión de nuestro ser, se apuesta por ampliar la propia perspectiva a través de comprensiones con sabor filosófico. Como consecuencia, experimentamos una sensación de mayor apertura, vitalidad y plenitud.
El espíritu de la filosofía es la búsqueda, una búsqueda vinculada al acrecentamiento del saber y cuyo fin es la expansión del propio ser.
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